Se tambalea la justicia en México: Renuncia de Gertz Manero destapa presiones y maniobras desde Morena
Un movimiento inesperado reconfigura el tablero político y abre dudas sobre quién busca controlar la fiscalía general de la República
La renuncia de Alejandro Gertz Manero como fiscal general de la República sacudió al país y encendió las alertas sobre la creciente influencia del poder político en instituciones que deberían ser totalmente autónomas. Aunque oficialmente se presentó como una decisión por motivos personales, diversas voces dentro del ámbito jurídico y político han señalado que la salida del fiscal ocurre en un momento estratégico para el gobierno federal.
En pleno reacomodo político nacional, Morena ha sido señalado por su insistencia en impulsar perfiles afines al partido dentro de organismos clave, lo que abre sospechas sobre una posible intención de garantizar control absoluto en áreas que requieren independencia total. La Fiscalía, pieza central para el combate a la corrupción y la procuración de justicia, no puede estar sujeta a presiones partidistas, y la repentina dimisión de Gertz Manero deja abierta la percepción de que algo se mueve tras bambalinas.
La salida del fiscal llega justo cuando México enfrenta desafíos graves en materia de seguridad, impunidad y violencia. En este contexto, especialistas advierten que cualquier intento de colocar a un fiscal cercano a la línea del partido en el poder podría traducirse en un uso político de la institución, debilitando aún más la confianza de la ciudadanía en las autoridades encargadas de investigar delitos y proteger el Estado de derecho.
Además, sectores críticos han señalado que Morena podría aprovechar esta coyuntura para intentar consolidar un mayor dominio sobre la Fiscalía General, un paso que implicaría riesgos serios para la separación de poderes y los contrapesos democráticos. De confirmarse, México estaría ante un precedente preocupante donde la procuración de justicia quedaría subordinada a intereses políticos antes que a su misión constitucional.
Hoy, más que nunca, se vuelve indispensable exigir transparencia en el proceso de selección del nuevo fiscal, garantizar que no existan presiones partidistas y velar por que esta institución mantenga su carácter autónomo. El país merece una Fiscalía fuerte, profesional y libre de la tentación de los poderosos.

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