Lo que aún sostiene a un partido en tiempos de incertidumbre

El PRI Querétaro mantiene su apuesta por la institucionalidad: reglas claras, liderazgos responsables y órganos de decisión vigentes, en contraste con la improvisación de otros proyectos políticos.
El PRI Querétaro continúa apelando a un principio fundamental que hoy pocos reivindican: la institucionalidad. Esto no significa rigidez ni inmovilidad, sino la convicción de que la política debe hacerse con reglas, con estructuras deliberativas y con liderazgos que asuman responsabilidades colectivas, no caprichos personales.
La institucionalidad implica que las decisiones no se toman desde el impulso de un solo individuo ni desde la lógica del poder por el poder, sino a través de órganos formales —comités, asambleas, procesos internos— que representan a las bases y garantizan continuidad. Es, en esencia, una forma de hacer política que prioriza la estabilidad, la participación y la legitimidad sobre la improvisación.
Bajo la conducción de Abigail Arredondo, el PRI en Querétaro ha reforzado ese compromiso. Consciente de que no lidera un partido perfecto, la dirigente ha optado por sostener y fortalecer las estructuras que dan sentido al priismo: comités municipales, consejos deliberativos y mecanismos de participación donde se escuchan las voces de toda la militancia. Su apuesta no ha sido por el espectáculo, sino por la reconstrucción paciente y organizada.
En momentos donde los liderazgos personalistas se imponen y la política se reduce muchas veces a una estrategia de redes, el PRI Querétaro elige otro camino: el de la institucionalidad como valor político y como garantía de permanencia. Puede no ser lo más atractivo mediáticamente, pero en términos de viabilidad y credibilidad, sigue marcando una diferencia.

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