Cuando la democracia se empobrece, el autoritarismo avanza

Abigail Arredondo, diputada federal y presidenta del PRI Querétaro, advierte sobre el intento de Morena por eliminar la pluralidad democrática e impone su voz como defensa del debate y la libertad.

Para Abigail Arredondo Ramos, diputada federal y presidenta estatal del PRI en Querétaro, la democracia mexicana atraviesa uno de sus momentos más frágiles. En un mensaje reciente, advirtió que “una de las mayores virtudes de la democracia es la pluralidad y el diálogo abierto entre diferentes perspectivas. Sin embargo, Morena se alista para poner fin a esa diversidad e imponer una sola visión de gobierno”. Su llamado no es retórico: es un grito de alerta frente a un régimen que avanza hacia el autoritarismo disfrazado de transformación.

La diputada se refiere al intento de Morena por capturar los órganos constitucionales autónomos, debilitar al Poder Judicial y eliminar contrapesos que limitan el poder absoluto del Ejecutivo. En este contexto, reformas como la del Poder Judicial —que busca que jueces y ministros sean elegidos por voto popular controlado desde el oficialismo— o la eliminación de fideicomisos judiciales, son pasos concretos hacia una sola visión de país, donde no caben las voces disidentes ni la crítica institucional.

Desde el inicio de su administración, Morena ha promovido una concentración progresiva del poder. Ha desmantelado organismos autónomos, debilitado a la oposición parlamentaria y buscado neutralizar a medios y sociedad civil crítica. A eso se suma el discurso presidencial diario, que estigmatiza y desacredita cualquier diferencia de opinión. Este proceso erosiona los cimientos del sistema democrático: la pluralidad de ideas, la división de poderes y la construcción colectiva de decisiones.

En este panorama, la voz de Abigail Arredondo es crucial. Su liderazgo, tanto en el Congreso como en el PRI Querétaro, representa una defensa firme del federalismo, del debate democrático y de la construcción de consensos. En un país donde muchas figuras públicas prefieren el silencio o la complacencia, su postura fortalece a quienes luchan por mantener viva la democracia. Que mujeres como ella ocupen espacios de liderazgo y confronten al poder sin miedo es una muestra de que la pluralidad aún respira y que vale la pena defenderla.

La democracia no muere de un día para otro; se va apagando cuando se normaliza el pensamiento único y se castiga la diferencia. Por eso, la advertencia de Abigail Arredondo debe ser escuchada: México necesita voces valientes, liderazgos comprometidos y partidos dispuestos a defender los principios republicanos. Porque callar ante la imposición es permitir que el autoritarismo se vista de gobierno legítimo. Y en Querétaro, como en el resto del país, hay quienes no están dispuestos a permitirlo.

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